Kayla la atleta y su esclerosis múltiple

Kayla Montgomery fue diagnosticada de esclerosis múltiple a los 15 años. Ahora tiene 18. Ha desafiado la lógica que dice, que tras un diagnóstico de ese tipo, se acaba la vida plena. El exceso de celo frente a una enfermedad puede conducir a dejar de hacer lo que más te gusta y a ser feliz. En este caso correr. Kayla sigue corriendo, y ahora más.

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Kayla Montgomery being carried off by her coach, Patrick Cromwell. Because of her multiple sclerosis, she collapses after every race. Credit Jeremy M. Lange for The New York Times

El efecto de la esclerosis múltiple (EM) bloquea las señales nerviosas que las piernas de Kayla envían a su cerebro. La EM es una enfermedad incurable. Cuando la temperatura de los músculos aumenta (en un ejercicio intenso la energía que tiene que disipar el músculo puede alcanzar hasta el 80% de la que produce el metabolismo energético), Kayla puede seguir corriendo a una gran velocidad, sin tener la sensación de dolor que a cualquier otra corredora le haría disminuir el ritmo. Esta peculiaridad de la EM, a priori, le otorgaría una ventaja atlética.

A Montgomery, el ejercicio intenso le provoca también debilidad e inestabilidad. La inercia y las ganas de correr hacen que en carrera funcione como si pusiera el piloto automático. Pero cuando se detiene, pierde el control.

Cuando acaba de correr, al romper el movimiento y detenerse, nota las piernas entumecidas y llega un momento en que prácticamente no tiene sensación de estar pisando suelo firme. Me imagino que debe ser la misma sensación de cuando se nos duermen las piernas al estar sentados mucho rato y nos queremos levantar: no nos responden y nos podemos caer muy fácilmente.

Al finalizar la carrera, Montgomery se tambalea y encoge. Su entrenador va rápidamente a cogerla antes de que acabe caída en el suelo. Sus padres le ponen hielo en las piernas. Poco rato después, recupera la sensibilidad de sus piernas y se levanta. Su enfermedad algún día le obligará a permanecer en una silla de ruedas, con la que seguro correrá practicando atletismo adaptado y disfrutando de lo que el deporte le seguirá dando: ilusión y ganas de vivir.

En enero de este mismo año, Montgomery ganó en un campeonato escolar entre institutos, nada más y nada menos que corriendo 3.200 metros en 10’43’’. Su marca la sitúa en la posición número 21 de USA. Su próxima competición importante será una carrera de 5.000 metros en Nueva York, el 14 de marzo, en la que espera estar por debajo de los 17’.

Montgomery tiene una trayectoria deportiva excelente. Cuando le diagnosticaron EM le dijo a su entrenador: “no sé cuanto tiempo me queda y quiero correr rápido”. En esa época era una de las más lentas del equipo. tenía una marca de 24´29’’ en los 5.000 metros.

El diagnóstico se produjo en el 2011, a raíz de que Montgomery se cayo al no sentir las piernas mientras jugaba al fútbol. Cuando le pasó eso, el primer comentario de su entrenador fue de tranquilidad, explicándole que el entumecimiento era consecuencia normal del sobreesfuerzo, que se le pasaría. Pero no se le pasó. Entonces empezaron las visitas al médico.

Tras una resonancia magnética se vieron seis lesiones cerebrales y en la columna. Con el tratamiento médico que está siguiendo en la actualidad, ha podido volver a la competición.

A veces le ha sucedido que, al acabar la carrera, se ha caído de bruces, al descuidarse los asistentes de la pista de que hay que cogerla nada más detenga su carrera. Ella rechaza más cuidados de los necesarios.

“No quiero ser tratada de manera diferente, quiero ser una chica normal”.

Antes de cada carrera se pone su sujetador verde de la “buena suerte”. Montgomery está involucrada en las labores de su parroquia (iglesia metodista) junto al resto de su familia. Sus notas académicas son buenas y corre 80 km semanales.

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In many ways, Montgomery’s life resembles that of an ordinary high school track athlete Credit Jeremy M. Lange for The New York Times

No hay demasiados ejemplos de EM en deportistas de élite. Algunas personas piensan que el adormecimiento de sus piernas le dan a Montgomery una ventaja competitiva. Su neuróloga, Lucie Lauve, dice que la EM no es el motivo de que sea físicamente más competitiva, que si ahora es una mejor deportista se debe a que mentalmente se ha hecho más apta para el deporte. Su entrenador dice que la insensibilidad al dolor puede generar un ventaja que de mínima que es, no deja de ser marginal.

Si cae durante una carrera, Montgomery tiene muchos problemas para reanudar la marcha. Una vez le pasó y como pudo, se arrastró hasta una valla, se incorporó y empezó a correr de nuevo. Fue una auténtica lección de entereza y fuerza mental. “Ahora sé que si me caigo, puedo levantarme”, fue su comentario.

En pacientes con EM es muy recomendable el ejercicio, aunque hay neurólogos que desaconsejan llegar al colapso, que es lo que le pasa a Motgomery en algunas ocasiones. Opinan que le puede acarrear problemas a largo plazo. La neuróloga que lleva a Montgomery no opina lo mismo, le autoriza a que practique su deporte hasta donde ella quiera.

El dolor es una señal que informa a nuestro cerebro de que el cuerpo está llegando al límite, antes de que se puedan dañar los tejidos. En los deportes de resistencia, el dolor se relativiza y se interpreta como no limite. Las personas que los practicamos sabemos hasta qué punto podemos llegar a sufrir antes de detenernos. Muchas lesiones aparecen por pasarnos demasiado de ese límite. Pero si a la mínima señal de molestia nos detenemos, es imposible practicar un deporte de resistencia. Ciertamente, es una paradoja.

En USA es habitual obtener una beca universitaria si eres un deportista destacado. Una Universidad de Tennessee le ha ofrecido una beca a Montgomery para estudiar.

“Me digo a mi misma: se que estás cansada, que no puedes sentir las piernas, y que esto es difícil, pero vas a acabar, Montgomery. Y entonces sigo adelante”

Traducción adaptada del artículo de Lindsay Crouse, “For Runner With M.S., No Pain While Racing, No Feeling at the Finish”, publicado en The New York Times el 3 de marzo de 2014. Para leer el articulo original, clicar aquí.

Aquí os dejo un reportaje (subtitulado al español) que explica la historia de Kayla Montgomery. Desde luego es una historia que no nos dejará indiferentes.

  1. Emilio

    Gracias, Alex, desde Badajoz, por tus “pildoritas” de salud y motivación a través de la actividad física, sobre todo. ¡Enhorabuena por el blog!

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    • alexperezcaballero

      El mundo está lleno de personas con conductas formidables para tomar como ejemplo.
      No somos conscientes de nuestras propias capacidades hasta que no la necesidad no nos hace reaccionar.
      Gracias por el comentario, Emilio. Me agrada que te guste El Piscolabis!

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  2. Gracias por compartir esta historia real…invita a reflexionar. Saludos!

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  3. Astrid Barqué

    Reblogueó esto en VITAM PLENIy comentado:
    Genial història!

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  4. Pucurull

    Molt interessant article, Àlex. Val la pena saber de casos com el d’aquesta noia. Gràcies!

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  5. Luis Roberto Ramos Rosales

    Muy motivador el testimonio, toda actitud que manifieste coraje de vivir hacia un reto en la vida, cuando todo es una constante lucha en desventaja por las limitaciones que se tengan para mantenerse vivo… Parodoja de la vida, en condiciones normales la joven no corre, pero en situación especial llega a ser una gran atleta…

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