Un erudito con botas de montaña: Eduardo Martinéz de Pisón

Eduardo Martínez de Pisón es, sobre todas las cosas, un amante de la montaña y su cultura, con todo lo que eso supone. Como geógrafo, aúna las ciencias y las humanidades en aras de conocer y compartir ese saber, y de cuidar ese territorio tan frágil y desconocido, bello y apasionante, que es la montaña.

Eduardo Martínez de Pisón.

Eduardo Martínez de Pisón.

Eduardo tiene una dilatada carrera profesional. Ha estado y está en muchos frentes diferentes. Gran viajero, alpinista, escritor, profesor universitario, conferenciante y divulgador. Una persona áltamente comprometida con la montaña.

He oído hablar en muchas entrevistas a Eduardo, le he leído en libros y artículos, he visto su nombre el los títulos de crédito de muchos documentales. Solo me faltaba hablar personalmente con él. Y ahora que lo he hecho, todavía le admiro más. Cuando expone o discute un tema, sus medidas y adecuadas palabras denotan un impresionante bagaje cultural y una sensibilidad poco corriente en los tiempos actuales.

La montaña es bella y poderosa. Y muy generosa. Las emociones que te arranca no se las queda, te las devuelve amplificadas. La montaña actúa como un disruptor emocional que necesita de dos cofactores básicos: la cultura que la rodea, y dejar que aflore el instinto que nos aferra a la tierra. Y, evidentemente, que se mantenga tal como es, como montaña, libre y espontánea.

La idea de contactar con Eduardo Martínez de Pisón me surgió al leer un documento que creo puede resultar interesante para aquellos a los que nos gusta la montaña, o que sin sentirla demasiado suya, quieran conocerla y ahondar en cuál es su presente y cuál puede ser su futuro. Está escrito por la geógrafa Josefina Gómez Mendoza, y se titula “Un futuro para las zonas de montaña”.


Entrevista a Eduardo Martínez de Pisón

¿Cuál es tu estilo de alimentación?

Soy muy parco y moderado en comida y cena. Al viajar mucho me adapto a la comida de allá donde estoy. Desayuno un café con leche con algo de pan, un bollo o similar. La comida es muy normal y la cena más bien escasa. Si hago un poco más de ejercicio, la cena es algo más abundante. Cuando estoy de viaje, a veces, no como a mediodía o desayuno un par de huevos fritos en el hotel, dependiendo de como tenga estructurada la jornada. Y si me invitan a cenar, no hago ningún desprecio tampoco. Me voy adaptando, sobre la marcha. He tenido mi trabajo como profesor universitario sobre todo en Madrid, pero siempre he viajado muchísimo. En la actualidad, aún estando jubilado, paso temporadas en la capital, pero estoy mucho fuera.


Tus hábitos de ejercicio, ¿cuáles son?

Soy muy anárquico. Dado mi trabajo, el ejercicio viene solo. El desarrollar tareas en el campo, en el monte, me ha obligado siempre a caminar mucho. Salgo unas 2 ó 3 veces por semana. Nunca he sido persona de gimnasio, ni de tener rigor con el ejercicio. Salvo cuando se me ha planteado la oportunidad de ir a alguna expedición de cierto compromiso físico en la que he tenido que poner la máquina más a punto, llegando a salir a correr por la Casa de Campo. Pero salvo esas ocasiones, me he dejado llevar por la espontaneidad.


Tu montañas preferidas

Los tres amores de Eduardo. El Pirineo aragonés es mi zona preferida. Allá me siento como en casa. El Téide, del que he hecho dos libros, y el Guadarrama, que es donde cumplo mis sueños de montaña, al estar muy cerca de Madrid. Cuando no puedo desplazarle al Pirineo o a Canarias, el Guadarrama me acoge. El Balaitus y el Midi d’Ossau son quizás mis montañas mas estimadas, aunque tengo muchas otras que me encantan también.


Tu libro de viajes

Muchos, pero quizás resaltaría “Recuerdos de viaje, del Himalaya al Ártico”, de Tom George Longstaff, un médico inglés de principios del siglo XX, que hizo recorridos maravillosos por el Himalaya, una cordillera preciosa. Es un libro con el que me siento muy identificado.

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Tu música preferida

Mozart me gusta muchísimo. También la música barroca. Y el jazz más clásico, el de los tiempos heroicos, me pone en éxtasis.


Has mencionado más de una vez la frase “la montaña es un buen paisaje, pero un mal territorio”: ¿qué quieres decir con eso?

Las montañas son como islas, como santuarios de la naturaleza en los continentes. La montaña es pura belleza, soberbia. Es un magnífico paisaje, también en el aspecto humano, puesto que revela culturas ancestrales que han sobrevivido gracias al aislamiento. Pero es un mal territorio para los hombres que habitan en ella, pues tiene un clima muy duro, pendientes muy fuertes, abunda el roquedo, tiene ríos violentos, etc…, características que la convierten en mal aprovechable para el hombre. A las personas que habitan en este territorio hay que darles unas facilidades especiales para que pueda vivir con las exigencias que tiene un ciudadano de hoy, que demanda un grado elevado de confort. La montaña es un gran paisaje pero no facilita la comodidad.


La falta de accesos, servicios y equipamientos ¿preserva o deteriora el territorio de montaña?

No se puede instalar un aparcamiento en el interior de un museo. Hay cosas que no son éticamente permisibles. Hay que instalarlo fuera. En la montaña sucede lo mismo. Los museos de Madrid y de cualquier ciudad del mundo están protegidos de la presión urbanística. ¿Por qué no se hace con las montañas, un formidable museo de la naturaleza y del hombre? Hay que ir con mucho cuidado, debido a que es muy frágil. Los excesos de equipamiento acaban usurpando a la montaña lo que tiene de naturalidad. Si se la quitas y la conviertes en una artificialidad, la destruyes.

Hoy en día las zonas montañosas más importantes del mundo (Himalaya u otras cordilleras) han mejorado tanto en sus accesos que se puede llegar en vehículo a algunos campamentos base, bastante inaccesibles antaño. Acercar tanto ese paraíso al hombre entraña grandes riesgos. La masificación no favorece la preservación del territorio de montaña. Imagínate ese mismo fenómeno en nuestro pequeño Pirineo. Es desastroso.

Hace años hubo la pretensión de poner un teleférico que subiera a la cumbre del Cervino. Su poesía hubiera desaparecido. En ese sentido hay que tener exquisito cuidado. Ya no hay confines: la Patagonia ya no está perdida. En el Parque de Torres del Paine ya se han instalado hoteles de lujo. Si no se regulara el acceso a la Antártida, se llenaría de turismo. Probablemente, al principio el turismo seria respetuoso, pero en el momento que se volviera competitivo y agresivo, se malograría el espacio: hoteles, urbanizaciones, etc…

Hay que cuidar de que la montaña guarde la espontaneidad de nuestro planeta. Eso en fundamental para la naturaleza y porque hace mejores a las personas: es educativo. Ir a la montaña exige un esfuerzo, una adaptación a un entorno no favorable. Nuestro planeta es (era) así.


¿Crees apropiada la Ley sobre Parques Nacionales (2014)?

La nueva Ley de los Parques Nacionales es muy similar a la anterior. En un inicio suscitó recelo en alguna zona donde se debía aplicar. Era normal que pasara. Encuentro muy positivo que se unifique la normativa que regula a los parques. Viendo la disgregación que había a nivel normativo, creo que eso los debilitaba. La nueva ley les da más fuerza y les protege más, al considerarlos todos en su conjunto y aplicar la misma normativa en todos ellos. La anterior ley era una ley de red de parques, que solo supervisaba lo que hacían las diferentes comunidades autónomas en los parques de su territorio. La actual ley va más al tuétano del asunto, es más eficaz.

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En el centro del Pirineo aragonés se encuentra el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los amores de Eduardo Martínez de Pisón.


¿En qué medida está afectando el cambio climático a las zonas de montaña?¿Podemos hacer alguna cosa?

Los glaciares han retrocedido de una manera exagerada. El fenómeno empezó en 1860, pero se ha acelerado notablemente a partir de 1990. El retroceso ya ha alcanzado a los pozos del frío: la Antártida y Groenlandia. Uno tiene asiento marino y el otro continental, y siguen diferentes procesos de retroceso, pero los dos van perdiendo entidad. El proceso empezó en las montañas ecuatoriales (los nevados de Colombia, Perú, etc…), siguió por el Kilimanjaro, el Rwenzori, llegando en la actualidad a las zonas ártica y antártica. Todas las montañas de nuestro planeta están siendo afectadas, salvo alguna pequeña excepción. En los Pirineos prácticamente han desaparecido los pequeños glaciares que teníamos.

¿Se puede hacer algo? En la componente natural es imposible intervenir, no se puede hacer nada. Las causas son geo-climáticas e incluso astronómicas. En el Neolítico y en la época romana ya hubieron grandes alteraciones climáticas. El último retroceso, el de nuestra época, coincide con la Revolución Industrial, y los expertos dicen que depende mucho de nosotros, que la emisión de gases ha intervenido y modificado significativamente el clima terrestre.

El clima ha cambiado siempre, desde que la tierra existe hace 5.000 millones de años. No es algo estable, ni mucho menos. Es espontáneo y varía constantemente. En la actualidad estamos viviendo en una época interglacial. SI viniera una glaciación, la tierra sufriría un colapso muy grave. En la última glaciación los glaciares llegaban hasta Ginebra, casi hasta Milan. En nuestras tierras, el Valle de Benasque quedaba cubierto de nieve y hielo perpetuo, hasta la propia entrada, el Congosto del Ventanillo. Si se diese de nuevo esa situación las consecuencias serían muy duras para la civilización humana. Pero de momento, podemos estar tranquilos: se estima que para llegar a esa posible glaciación deberán pasar unos pocos miles de años. Pero cuando se desencadene, ya no hay quien la pare. Lo que está claro es que lo que respecta a nosotros, lo que podemos corregir, hay que solucionarlo.

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En la época que se elaboró esta ilustración, no se tenían cartografiados ni el Aneto di el Everest. Lo que no se conoce, no existe. Imagen obtenida del ICC. (elPiscolabis)


¿Cómo ves el futuro de nuestras montañas? 

Tendría que haber una protección expresa que condujera a la conservación de estas joyas, de estos tesoros. Si se entregan al mejor postor durarán menos que un caramelo en la puerta de un colegio.

¿Cómo pienso convencer a nuestros políticos? Mi método consiste en usar la pluma (para escribir), la palabra (para hablar) y la tozudez, hasta ser pesado si hace falta.

Las políticas importantes, que no solo nos afectan a nosotros, sino a nuestros hijos y nietos, deben ser consensuadas por todos. En política, ponernos de acuerdo en causas nobles, que a veces se aprecian como etéreas, es muy difícil. Aunque tampono en políticas para solucionar problemas cotidianos nos ponemos de acuerdo. Da la sensación de que los políticos, a veces, luchan como canes por el poder.

La montaña es un territorio que ya posee normas y leyes, con las cuales se puede funcionar. En el poco a poco se consigue un mucho, Luchando con esas leyes de conservación y, si hace falta, introduciendo pequeños cambios, se puede ir defendiendo ese territorio de una manera eficaz.

Soy optimista. El Parque Nacional de Ordesa empezó con más de 1.000 hectáreas, después pasó a más de 2.000, después pasó a 15.000, y ahora se está planteando que pase a 36.000 hectáreas. Formo parte de los patronatos del Parque de Ordesa y Parque de Guadarrama y, de forma honorífica, del Parque del Téide. Son mis tres montañas queridas. Hay que aspirar a plantear las cosas de forma que sean razonables y poco a poco llegaremos a más. Antíguamente Guadarrama estaba prácticamente desprotegida, y en un tiempo relativamente breve se ha podido proteger, las cosas han cambiado.

Con la protección, la premisa es nunca ir a menos, sino siempre ir a más. Hay que tener cuidado ya que los políticos se van poniendo zancadillas entre ellos, y a veces se caen, y si en esos momentos están llevando en brazos una protección, que es frágil en sí misma, el territorio de montaña puede peligrar. Si llevas un jarrón en la mano y te ponen la zancadilla, el jarrón corre peligro de romperse. Pero si cae, hay que reponerse y seguir luchando por lo que se ama, recomponer el jarrón y seguir cuidándolo y protegiéndolo.


¿Qué país o territorio tiene la mejor gestión de zonas de montaña? 

Noruega es un ejemplo a seguir. De entrada, todo el país es montañoso y eso ayuda. Cuidan mucho su territorio y su paisaje.

En Francia hay un ley del paisaje y una ley de la montaña. Eso ayuda mucho a la preservación. También puede ser un buen ejemplo a seguir.

Pero no todo deben ser leyes. Fuera de la legislación, los habitantes de Inglaterra, Alemania e incluso Suiza (que vive en gran medida del turismo de montaña), son en general, muy respetuosos con la montaña.

En cuanto a cultura de montaña, en Francia está muy desarrollada: pintura, exposiciones,… es abrumador lo que se hace en nuestro país vecino. En general, los países alpinos muestran todos ellos un modelo de cultura de montaña muy profundo y avanzado.

Los ingleses, muy respetuosos con la montaña, también tienen en este sentido una cultura muy desarrollada, pero en referencia a zonas allende sus fronteras. Ellos han sido los descubridores de los Alpes, del Himalaya, etc…

En Inglaterra, la propiedad privada tiene mucha más fuerza y arraigo que la pública. Es un modelo de reparto de territorio diferente. Pero eso no quiere decir que no se puedan proteger territorios si de verdad la gente los quiere proteger. El National Trust lanzó una campaña de recaudación de fondos para poder comprar Dover Cliffs (los acantilados o piedras blancas de Dover) ante la amenaza de una posible urbanización. En 1968 la fundación se hizo propietaria de aquel maravilloso espacio natural. Es otra forma de organizarse y de conseguir proteger a lo que se ama.

Incluso en España existe la experiencia de la Fundació Territori i Paissatge, de la desaparecida Caixa de Catalunya, y que ahora sería la Fundació Catalunya La Pedrera. Allá por el 1999 adquirió una zona del congost de Mont-rebei (Noguera-Ribagorçana), de unas 600 hectáreas de superficie con el objetivo de protegerla, no de especular, dado su gran interés paisajístico y natural y de su extrema fragilidad. Es uno de los pocos pasos naturales, de orientación norte a sur, que no ha sido atravesado por carreteras, lineas férreas o tendidos eléctricos de alta tensión. Una auténtica joya. La empresa privada, sin suscripción popular, también se ha lanzado al proteccionismo. ¿Y por qué no? Es muy positivo para todos.

No se puede esperar que todos los espacios a proteger sean de propiedad pública, sobre todo en países con una contextura administrativa donde la propiedad privada es tan importante como es el nuestro. Aunque por otro lado están los políticos muy liberales, que no es que no quieren comprar más propiedad pública, sino más bien tienden a vender la que ya gestionan. Se quieren “desprender” de terrenos de difícil gestión y poca rentabilidad, y generar riqueza cortoplacista. Eso es muy peligroso, puesto que la propiedad pública que ya existe como tal es muy buena para la conservación. Y realmente el proceso de proteger una propiedad publica es muy sencillo: dicho territorio lo reabsorbe el organismo autónomo de los parques nacionales y ya está conservado. Pero si hay otros intereses por el medio, el tema es más complicado.


El deporte en la montaña

El montañismo es el montañismo, o el alpinismo, como le quieras decir. Es único. Ahora bien, llegan modalidades de otros deportes que se implantan en la montaña, utilizándola como escenario o como cancha.

Eso, a veces provoca una distorsión, y otras veces no provoca nada: se practican y no hay más consecuencias. La distorsión depende de la masificación que conlleve y el equipamiento que requiera la práctica de dicho deporte. Lo mismo ocurre con el turismo de montaña, que no deja de ser una modalidad del turismo convencional que utiliza la montaña como escenario.

El atletismo de montaña (las carreras de montaña) no deja de ser una modalidad más del atletismo en general. La bicicleta de montaña no deja de ser una modalidad más dentro del ciclismo. No es viable que se convierta toda la montaña en una pista de atletismo o en un velódromo. Lo cual no quiere decir que no haya espacio para todo y para todos, con la debida regulación, claro. Pero estableciendo criterios razonables de uso en los lugares donde se practican dichos deportes.

Si de repente, en un prado de alta montaña donde crece la preciosa flor de neu (Edelweis- Leontopodium alpinum) metes a 500 personas a la carrera, el desastre va a ser tremendo. Hay que estar sobre estos fenómenos, que pueden ser moda o pueden permanecer.

Pero el mayor impacto sobre la montaña, y más negativo, obviamente, lo produce el esquí, al estar asociado a políticas urbanísticas que acaban transformando de una forma muy importante el territorio. Hablamos del esquí de pista, el mal llamado “alpino”, y no el de travesía, randonee o de montaña. El esquí de pista tiene asociado la estación de esquí, y amplias zonas de urbanización a su alrededor. Como se trata de urbanismo, estos últimos años esta expansión ha estado muy relacionada con la burbuja inmobiliaria, con todo lo que ello supone.

Las pistas de esquí no son más que un modelo de economía industrial y de servicios: de industria turística pesada metida en la montaña. Y resulta que si la nieve cada vez se va retirando más, hacia cotas más altas, allá va siguiéndola este modelo de turismo tan intrusivo. El modelo turístico asociado al esquí de pista va en contra de la naturalidad y espontaneidad de la montaña. Es incompatible. Todo lo demás es controlable y se puede regular.

El montañismo o alpinismo clásico es el eje vertebral de la asociación del hombre con la montaña, sobre todo con la alta montaña, que después se ha disgregado en materias distintas: senderismo, escalada, esquí de montaña, descenso de barrancos, etc…

El alpinismo ha conseguido tener un código, un estilo en sí mismo, unas referencias culturales propias muy profundas. Los otros deportes no tienen esto, o todavía no lo tienen. La caza y la pesca como “actividad deportiva”, las carreras de montaña o la bicicleta de montaña, u otras actividades, no tienen ese fundamento.

No es lo mismo el alpinismo o sus variantes que las disciplinas deportivas y competitivas que se practican en la montaña. El alpinismo tiene un código no escrito, no le hace falta una reglamentación que marque su práctica. Se autoregula, como la propia naturaleza.

Y no hay que olvidar que el alpinismo tiene una base cultural impresionante: libros narrativos, poesía, pintura, cine, música…

¡Me he despachado a gusto!


En general, los deportes de montaña se pretenden vivir con mucha comodidad, y no es bueno, pues eso requiere transformar el territorio. Emociones fuertes, rápidas y cómodas no es hacer montaña. Para eso es mejor ir a un parque de atracciones. Es más económico, para las personas y para la naturaleza que nos acoge a todos. Alex Pérez


Rebecca Solnit, Wanderlust (Una historia del caminar): “Caminar es en sí mismo el acto voluntario más parecido a los ritmos involuntarios del cuerpo, a la respiración y al latido del corazón”. ¿Qué opinas de esta frase, Eduardo?

Es totalmente cierto, la suscribo. Incluso añadiría algo más. Caminar y escalar supone la máxima adaptación a las rugosidades de la superficie del planeta, del terreno. Con agilidad y con ciertas astucias o técnicas, consigues adaptarte al máximo a la Tierra. Es la adaptación más completa que puede haber, pues estás en consonancia con lo que solicita el terreno, con lo que pide el paisaje.

El caminar supone recorrer el paisaje, primero tenerlo delante, atravesarlo, y después tenerlo detrás. Caminar no es más que una adaptación activa. Fíjate en la cordialidad que se presenta al pasear al lado de un roble. Lo miras y lo admiras. Si estamos por otras historias, el roble puede significar un estorbo, un impedimento, o simplemente, ser inexistente para nosotros.

Es emocionante acercarse a un árbol y acariciarlo, o abrazarlo. El roble es cordial pasivamente y tu eres cordial activamente. Se establece un vínculo y una comunicación real. Esa emoción se puede experimentar también acariciando una roca, a mis viejas rocas, como yo las llamo. El granito de La Pedriza es especial para establecer esa relación.

En una escalada en roca la compenetración entre hombre y montaña es absoluta. Tienes que asirte a una laja poniendo la mano de una manera y no de otra. Tienes que colocar la punta del pie de una forma determinada, en un pequeño resallte o en la mínima oquedad de la pared. Tienes que avanzar adhiriendo tus pies a una placa granulosa y áspera, pero sin la más mínima irregularidad, como si de unos neumáticos sobre el asfalto se tratara. Hay una adaptación absoluta al terreno, en la micra, en el metro o en el decámetro, es igual la escala.


Los orígenes del montañismo

El origen del montañismo se remonta a la época de la Ilustración. Concretamente en la época de tránsito entre la Ilustración y el Romanticismo, a finales del siglo XVIII. Horace-Bénédict de Saussure fue un aristócrata suizo que se considera el primer alpinista, emprendiendo múltiples viajes de investigación por los, en aquella época, desconocidos Alpes. Eso sucedía en la segunda mitad del siglo XVIII. En 1786 se llevó a cabo la primera subida conocida al Mont Blanc.

El alpinismo nace de una mentalidad ilustrada, culta, sensible, con un afán mayúsculo de conocer el mundo. El Romanticismo fue el movimiento artístico y cultural en el que estalló el alpinismo. Francia (Senancour), Alemania (Goethe) e Inglaterra (Byron) fueron países donde el Romanticismo arraigó fuertemente. Este movimineto se basa en la reivindicación de lo particular sobre lo colectivo: el individualismo adquiere un gran protagonismo. Aboga por la libertad del arte y se caracteriza por la voluntad de explorar todas las posibilidades artísticas con un fin expresivo. Se trata de buscar una reacción de los sentimientos en contraposición a la razón y el empirismo.

El Romanticismo llegó a España casi con un siglo de retraso, a finales del XIX, teniendo muy poco arraigo y una mínima duración. Becquer y Zorrilla, garantes de este movimiento artístico en España, no hacen un romanticismo de la naturaleza. Su estilo va más enfocado a temas de capa y espada, a recoger ideas de la edad media, etc… Este hecho ha sido un déficit muy importante que ha pesado mucho en nuestra cultura, como tantas cosas que no pasaron en nuestro país en el siglo XIX.

Volviendo al tema del alpinismo, en España no hubo una eclosión tan espectacular de alpinistas, ni de escritores o pintores, que fijaran su atención en la montaña tal como sucedió en otros países de Europa. En España, el montañismo ha seguido una evolución diferente y más tardía.

Los ingleses, sin tener montañas espectaculares, se trasladaban a los Alpes a desarrollar sus creaciones. Turner se inspiró en estas montañas en uno des sus más famosas pinturas: “Aníbal cruzando los Alpes”. O el aleman Caspar David Friedrich, con el famosísimo cuadro “El caminante sobre el mar de nubes” son claros ejemplos de lo que ha dado la montaña al arte pictórico.

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El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich.

El bagaje cultural en España ha estado disociado de la montaña. Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Antonio Machado, Joan Maragall…, tenemos a personas importantísimas en nuestra cultura, pero que no han conectado con la montaña.

Verdaguer es una excepción, que aunque conecta, lo hace de una manera un poco disonante, no sigue un patrón similar a otros poetas románticos más conocidos como Coleridge, Bayron, etc…


Mientras queden personas como tú, Eduardo, las montañas estarán protegidas. Gracias por tu gran trabajo.


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