La dieta de la felicidad es una patraña

La depresión es un estado de tristeza profunda, crónica e invalidante. Nadie quiere estar deprimido, y cuando lo estás, no hay manera de sacarte esa losa de encima. Hace que te descuides de ti mismo y de tu entorno. Te inactiva y produce sopor e inapetencia vital. Te aburres del mundo. Y el mundo puede que se aburra de ti, obviamente.

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La vida, en general no es fácil para nadie, y menos para una persona con depresión. Esta condición genera un estado de sensibilidad extrema, con respuesta aumentada ante cualquier acontecimiento no favorable. Y ante aquello positivo que nos acaece, hay una insensibilidad manifiesta y respuesta mínima.

El futuro es desesperante, el pasado es una mierda y el presente es un trámite hacia un agujero negro. La depresión no tiene una solución ni fácil ni rápida. Igual que se llega poco a poco a ella, nadie puede pretender salir de ella de un día para otro. Pero se puede salir

¿Hay alimentos que nos deprimen?¿Condiciona la alimentación a nuestro estado de ánimo? Se han realizado diferentes estudios que han intentado averiguar si existe algún tipo de relación entre la salud mental y la alimentación.

Si hacemos una búsqueda en google con alimentos (felicidad, depresión, alimentos) podemos encontrar cosas muy variadas: desde la dieta de la felicidad hasta 10 alimentos anti depresión. Que nadie se lo crea. No caigáis en la trampa. No hay alimentos que te aporten felicidad combatiendo la depresión. Ni siquiera la Coca-Cola, por más que dicha marca se empeñe en que nos lo creamos.

  • Hay alimentos que aportan fibra y favorecen el tránsito intestinal.
  • Hay alimentos que modifican e interaccionan con el microbioma intestinal, favoreciendo un mejor funcionamiento del sistema inmunitario.
  • Hay alimentos que estabilizan la glucemia de nuestra sangre.
  • Hay alimentos que nos aportan gran cantidad de vitaminas y minerales y favorecen un sinfín de procesos metabólicos.
  • Hay alimentos que por la cantidad de colesterol y grasas saturadas que contienen, pueden hacer que nuestra salud cardiovascular sea más frágil.
  • Hay alimentos que nos excitan y nos generan un estado de alerta.
  • Hay bebidas (alimentos) que por su contenido en etanol generan inhibición y un estado de exaltación de la amistad, de relajación (depresión del SNC), nos revuelven el estómago y nos acaban deprimiendo emocionalmente aún más. Y que nos enganchan a su consumo.

Parece ser que la bioquímica de la serotonina tiene mucho que ver con el estado de ánimo, y por ende, con la depresión. Todo lo que pueda mantener un nivel medianamente aceptable y estable de este neurotransmisor, bienvenido sea. Los fármacos antidepresivos se nos muestran como una herramienta terapéutica de soporte. Pero no conozco a ninguna persona con depresión que, tomando exclusivamente este tipo de fármacos, supere dicha condición anímica.

Una dieta abundante en fruta, verduras y hortalizas, con un aporte de carbohidratos de media y lenta absorción a partir de cereales (integrales también) y legumbres, con un aporte de carne, pescado, huevos y lácteos moderado, y con presencia habitual de frutos secos y aceite de oliva, se ha visto que es la que más salud puede aportar.

La alimentación que nos da pie a obtener los nutrientes que necesitamos para vivir con poca enfermedad es una compleja amalgama de alimentos, emociones y cultura.

¿Podemos aspirar a encontrar un modelo alimentario que nos aleje de la depresión? Definitivamente no.

La serotonina y la depresión

Resulta que la serotonina es un neurotransmisor estrechamente ligado con el estado de ánimo. A nivel cerebral, se asocia un bajo nivel de esta sustancia con la depresión. Para su síntesis se necesita de triptófano, un aminoácido que abunda en muchos alimentos: frutos secos, carne, pescado, huevos, plátano, piña, aguacate, naranja, kiwi, chocolate. Y también de glucosa, abundante en farináceos (en forma de almidón) tales como la pasta, arroz, patata y pan, y abundante y más rápidamente disponible en dulces, pasteles, bollería, refrescos y todo aquel alimento que lleve azúcar añadido. Las frutas también tienen glucosa: libre o unida a la fructosa, otro azúcar, en forma de sacarosa. Pero al acompañarse de fibra, la disponibilidad de glucosa no es tan rápida.

¿Si comemos alimentos ricos en triptófano y glucosa, seremos felices? 

Me gustaría decir que sí, pero la respuesta es no. En una obra, por muchos ladrillos y hormigón que tengas para construir, si el equipo de albañiles y peones no sigue las directrices de un buen jefe de obra y se ejecutes las indicaciones de los planos del proyecto arquitectónico, no hay edificio sólido que valga. Y por supuesto que los planos deben estar bien diseñados. Con ladrillos y hormigón puedes construir la Sagrada Familia o una chabola.

No es cuestión de que nos salga el triptófano y la glucosa por las orejas, es cuestión de que se mantengan estables los niveles de serotonina, que todos los mecanismos de síntesis y regulación funcionen de forma adecuada.

La comida y el sexo generan bienestar

Con los alimentos nos pasa que son muy bien recibidos cuando un organismo ha pasado privación energética. Comer es premiado por nuestro cerebro con un estado de satisfacción y bienestar. Los alimentos nos aportan nutrientes que podemos transformar en energía y en multitud de sustancias que necesitamos para mantenernos vivos. Muchos de nuestros instintos, fundamentales para establecer y reforzar conductas, aseguran la cobertura de esta necesidad. Por eso nos sentimos felices con la panza llena. Y si se rata de alimentos especialmente calóricos, más todavía. Las conductas que garantizan la supervivencia del individuo generan placer.

Con el sexo pasa tres cuartos de lo mismo. El sexo genera un estado de placer que refuerza de forma positiva su práctica. El sexo reproductivo asegura el mantenimiento de la especie mediante el proceso de intercambio de material genético entre individuos de diferente genero. Así se crea un nuevo ser vivo con características de los dos progenitores, único e irrepetible. Unos individuos suceden a los otros. Pero no hay que olvidar que la cultura, los sentimientos (que también tienen su biología) y otros condicionantes, modifican y modulan el comportamiento sexual, dejando de tener su práctica una finalidad únicamente reproductiva, pero activando de la misma manera los mecanismos de la recompensa y el placer. El sexo puede ser muy diverso.

La conducta alimentaria

Hay muchos problemas de conducta alimentaria que se producen a partir de la pérdida en el manejo correcto de las emociones. Eso ya entra en el campo de la psicología. Pero lo que está claro que nuestro estado anímico condiciona nuestra apetencia alimentaria en cantidad y calidad. Y que, por desequilibrios emocionales, llegar a perder el control sobre la conducta alimentaria puede desencadenar problemas de salud, tipificados en patologías como en algunos casos de obesidad, la anorexia, la bulimia, la vigorexia, la ortorexia, etc…

¿Comer sano nos hace felices?

En trabajos realizados con población joven, fundamentalmente con grupos de estudiantes, se ha establecido una relación directa entre consumir comida poco sana, (tipo fast-food) y no tener unos hábitos regulares con los horarios de las comidas, con  un mayor índice de depresión.

Lo más probable es que una persona con depresión no tenga demasiado interés por consumir demasiada comida “sana” de baja densidad energética (fruta y verdura, por ejemplo) o por seguir un régimen alimentario con comidas regulares, y platos bien estructurados y cuidados. Le será más fácil optar por consumir comida que no precisa de demasiada preparación. O quizás le serán más apetecibles los alimentos o platos que le generen esa sensación de bienestar momentáneo que le permitirá seguir trampeando con un estado de ánimo sumido en la depresión.

Otras veces ocurre que las personas con depresión pasan a perder el interés incluso de la comida, y se alimentan de forma muy deficiente, en calidad y en cantidad, pudiendo llegar a perder peso de forma alarmante.

En definitiva, la alimentación y el estado de ánimo están íntimamente ligados. Los alimentos curativos no existen: ya nos gustaría a los dietistas y a nuestros pacientes. Cuidémonos siguiendo una alimentación lo más cercana posible al patrón de la dieta mediterránea, y cuidemos de nuestras emociones. Y si necesitamos ayuda, tenemos que ser capaces de reclamarla.

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