Acompañar las comidas de los niños

 

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En la actualidad, muchos niños hacen uso de los servicios de comedor escolar, puesto que a mediodía no pueden acudir a comer a sus casas. El comedor escolar no solo es el espacio donde los niños se alimentan. En él se aprenden hábitos: de salud (higiénicos y de alimentación), de convivencia, socialización y respeto, y se adquieren conocimientos de cultura gastronómica.

La Agencia de Salut Pública de la Generalitat de Catalunya ha editado un práctico documento donde se plantean una serie de temas y se hacen propuestas concretas que pueden ayudar mucho a las escuelas que ofrecen servicio de comedor escolar (directamente o a través de una empresa de cátering) y a los propias familias de los niños:

Acompanyar els àpats dels infants. Consells per a menjadors escolars i per a les famílies.

Acompañar las comidas de los niños. Consejos para comedores escolares y para las familias.

Las monitoras (principalemente es un trabajo realizado por mujeres) que asisten a los niños en la comida están en contacto directo con ellos y tienen un papel fundamental en la enseñanza de los hábitos alimentarios. Su figura es mucho más importante de lo que, en general, suele considerarse. No son unos simples vigilantes de comedor: son educadores alimentarios y deberían tener las herramientas necesarias para poder realizar correctamente su trabajo.

Los hábitos de alimentación obedecen tanto a la cobertura de una necesidad nutricional específica (propia de cada individuo) como a una coherencia cultural determinada (propia del entorno familiar y social). La alimentación es uno de los principales condicionantes de nuestra salud. Enseñar a comer a los niños no es un asunto baladí. Es básico que exista una buena coordinación entre la escuela y los padres, puesto que los hábitos alimentarios adquiridos por los niños en el transcurso de las comidas les acompañarán durante toda su vida.


Consejos para comedores escolares y para familias

  1. Tener en consideración la cantidad de comida que el niño solicita. Su opinión cuenta.
  2. Es mejor servir poca cantidad de comida y dar la opción de repetir. También es una buena estrategia para evitar el desperdicio alimentario.
  3. Permitir y favorecer que los niños puedan repetir de primer plato y de fruta fresca, y limitar la cantidad de repetición del segundo plato (sobre todo cuando sea carne).
  4. El agua debe accesible y no hay que limitar su consumo. El pan debe ser un alimento que, sistematicamente, debe acompañar las comidas y no utilizarse como elemento de recompensa o imposición.
  5. Un menú variado es muy probable que incluya algunos alimententos que generen rechazo. Sin forzar demasiado para que se coman, se debería inducir a que los niños los prueben.
  6. Cuando un niño, de forma habitual, no quiere comer algún tipo de alimento, se debería informar a la familia para poder actuar de forma coordinada.
  7. El tiempo adecuado para comer debe ser como mínimo de 30 minutos. Tampoco hay que alargar este tiempo más de lo necesario para poder disfrutar de la comida.
  8. Como mínimo, deben haber pasado 2 horas entre el almuerzo de media mañana y la comida de medio día.
  9. Dar pequeñas responsabilidades a los niños (recoger, limpieza, ayudar a niños más pequeños, etc…) es una buena idea.
  10. Como en cualquier otro espacio de enseñanza, mostrar una actitud respetuosa y amorosa hacia los niños y entre los propios adultos facilita que la hora de comer sea un momento agradable y relajado, lo que también propicia la correcta ingesta y la aceptación de los alimentos.

En la siguiente tabla se ofrece una orientación sobre las diferentes raciones de alimento que precisa un niño en edad escolar, en función de su edad.

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Los niños, igual que los adultos, tienen unas necesidades a cubrir que puene diferir mucho de un individuo a otro. El grado de desarrollo y la composicón corporal, la práctica o no de ejercicio físico o deporte, el ritmo circadiano, etc… pueden condicionar mucho dichas necesidades.

Si exite un problema de intolerancia o alergia alimentaria se deben extremar las precauciones. También se debe estar alerta ante posibles indicios de trastornos de conducta alimentaria, sobre todo en la adolescencia.


El bocadillo de media mañana o en la merienda es una muy buena opción (restringiendo el embutido u oros alimentos grasos). Mucho mejor si es de pan integral. También una porción de pan con un puñado de frutos secos o fruta desecada, o una fruta fresca, o un lácteo, son buenas opciones. Los snacks o bollería, el zumo envasado, o la leche con azúcar chocolateada, podemos ofrecerlos de forma puntual, nunca de forma sistemática. Son alimentos muy ricos en azúcar y/o grasas que conviene controlar.

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Cualquier problema importante que pueda tener un niño con su alimentación debería ser consultado a un profesional de la salud (médico pediatra o dietista-nutricionista) para que se pueda dar la respuesta adecuada. Un niño bien alimentado, muy probablemente, será un adulto más sano y feliz.


 

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