Los mejores tomates de Vallcarca, en l’Hort de les Cases

Hay personas que viven en la calle. La vida da muchas vueltas y a veces fallan los soportes familiares y sociales. En el Centre Obert Heura, desde l´Hort de les Cases, intentan reconducir esas vidas perdidas a través de los tomates, de las judías, de los pimientos,…, y poco a poco, lo van consiguiendo. Un huerto necesita muchos cuidados, pero requiere de su tiempo para dar fruto. Las personas que viven en la calle, también.

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Unas manos que tocan la tierra, unas manos dignificadas. Fodo del Centre Obert l’Heura


Centre Obert Heura

El Centre Obert Heura nació como asociación en 1996, en el barrio de Gràcia de Barcelona. Se empezó a trabajar en el proyecto dos años antes y hasta 1999 no se abrió el Centre. La iniciativa surgió de personas que hacían voluntariado y que vieron a gente durmiendo en la calle en la plaza Lesseps, en la plaza Molina… Pensaron que el trabajo de voluntariado que en ese momento estaban haciendo en el barrio del Raval, también era necesario desarrollarlo en un espacio más próximo, en Gràcia.

Tenían claro que actuarían en la problemática de la gente sin hogar. Empezaron a contactar con gente viviendo en la calle y vieron claramente que existía la necesidad de intervenir en este colectivo de personas excluidas del sistema social. En la parte alta de Barcelona existía (y sigue existiendo) un grupo de población que vive en casas ocupadas, o directamente en la calle, y que precisan de una atención especial. Y en aquella época no existía ningún centro en la misma zona que los asistiera.

Heura es un centro pequeño, de barrio. Es una entidad laica que trabaja ayudando a gente sin hogar, ubicada en un local cedido por la Parroquia dels Josepets. Empezaron abriendo una vez a la semana, ofreciendo un servicio de ducha y de ropero. En cinco años ya abrían todas las tardes de la semana. En la actualidad, el equipo está formado mayoritariamente por voluntarios, excepto tres profesionales contratados.


L’Hort de les Cases: un huerto social

El Institut Europeu de Disseny (IED) quería diseñar un espacio con uso de huerto urbano. Cuando se pensó en darle continuidad y contenido social, el Ajuntament pensó en Heura. En marzo del 2013 Heura, conjuntamente con Llar de Pau (otra entidad del barrio) empezó a trabajar en el huerto ecológico, social y terapéutico, gracias a la cesión del espacio y a una pequeña subvención. Desgraciadamente, toda la parte del proyecto de diseño del IED se canceló. Afortunadamente, Heura y Llar de Pau continúan trabajando, y con mucha ilusión.

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L’Hort de les cases. Un huerto social

L’Hort de les Cases trabaja conjuntamente con otras entidades que también tienen huertos urbanos para compartir recursos. Por ejemplo, con Assís, una entidad del barrio del Putxet especializada en elaboración de compostaje. Existe un acuerdo de colaboración en formación entre los dos centros.

Hay varios tipos de huertos urbanos

  • Huertos sociales, con finalidad social, desarrollan proyectos sobre todo con personas en riesgo de exclusión social que requieren una especial atención
  • Huertos comunitarios, sobre todo creados para dar actividad a la gente mayor. Aunque últimamente hay gente no jubilada que también participa en estos espacios.
  • Huertos escolares, creados para que los niños en edad escolar puedan cococer lo que la tierra es capaz de producir. Ni las berenjenas ni los pepinos los fabrica una máquina (¡de momento!).

Hay otros huertos sociales en Barcelona: el Hort Social Tarpuna, a Montjuïc y el Hort Social Verdallar, a Sarrià.

Nuestro objetivo productivo es que lo que se recolecta en nuestro huerto vaya al comedor social de Llar de Pau, y con los residuos orgánicos del comedor elaboramos compost para su posterior uso en el huerto. Así cerramos el círculo.

No deja de ser curioso que con los residuos orgánicos se obtengan unas estupendas hortalizas. Los deshechos que tiramos a la basura por inútil, desagradable, infesto y maloliente, resulta que, tras el proceso de compostaje, proporcionan los mejores frutos: más aromáticos, coloridos y nutritivos. Ciertamente es una gran metáfora de la vida.

Hay personas que vienen al Hort de les Cases y que siguen viviendo en la calle. Otras están en una pensión, o en albergues.

Normalmente, cuando tocan la tierra les gusta y se implican en el huerto. Cualquier trabajo manual y especialmente el que implique tocar la tierra y estar en contacto con la naturaleza (en este caso domesticada) resulta muy terapéutico.

Incluso hay personas que después de una primera fase se acaban integrando en el proyecto como voluntarios. Juanjo es un ejemplo. Nos podría estar explicando lo mismo que yo te explico. Se trata de dar empoderamiento y confianza. Se ha implicado en el proyecto y lo hace muy bien. Es un trabajo muy lento, pero a largo plazo da su fruto.

El camino de la reinserción va desde la terapia más “guerrillera” que es la que ofrecemos actualmente en L’Hort de les Cases, a la terapia ocupacional, en una segunda fase.

Los huertos urbanos de agricultura social utilizan espacios públicos en desuso. Es un fenómeno que lleva muchos años funcionando en grandes ciudades como París, Roma, Berlín, Madrid,…  impulsado por iniciativas ciudadanas que acaban siendo respaldadas por los ayuntamientos. En esta época de crisis hemos visto como proliferan los huertos comunitarios: hacen un gran trabajo. La gente que no tiene recursos se encuentra mejor si cultiva algunos alimentos de los que come que si se limita a ser beneficiario de la caridad social.

A Heura le iría bien recibir ayuda para poder cubrir el gasto de contratar a un técnico especialista que llevara el huerto. Y para cubrir otros gastos. Ahora ese trabajo lo hace un voluntario, un italiano vecino de Santa Coloma de Gramenet. Aunque lo más importante no es producir tomates. Lo más importante es dignificar personas con las tareas hortícolas.

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Las flores también tienen su espacio en l’Hort de les Cases

El concepto de “km 0”, el producto de proximidad, es un valor que se integra en el proyecto. Alimentos cultivados aquí para comelos aquí. Soluciones de aquí a problemas de aquí. Sostenibilidad. Es muy bueno que un huerto social esté ligado con una ideología, con el uso ciudadano de espacios desocupados, con la ciudad que queremos tener.

El solar donde ahora está L’Hort de les Cases era un nido de ratas. El Ajuntament nos ha cedido el uso del terreno y nos proporciona el agua. Nosotros ayudamos a mejorar el espacio urbano.

El año pasado organizamos una jornada de puertas abiertas para dar a conocer el espacio y nuestra labor. Los vecinos están contentos por la estética de un huerto. Se paran y preguntan qué hacemos.

Nos gustaría (más adelante) poder organizar alguna actividad con escuelas, para poder sensibilizar de un problema social, de la gente sin techo, a través del hilo conductor de un huerto urbano.

Cuando L’Heura empezó a trabajar en L’Hort de les Cases, el suelo era estéril: pura ruina. Muy arenoso, firme y aplanado, con mucha roca en el subsuelo. Afortunadamente, la tierra siempre puede ser trabajada. Limpiar y remover para airear, añadir tierra vegetal y compost, plantar una semilla, regar y mimar (ni mucho ni poco). Y posteriormente, recoger el fruto. Y siempre existe la posibilidad de volver a comenzar.

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Los mejores tomates de Vallcarca, en l’Hort de les Cases

Ahora hay 8 personas usuarias del huerto. Acuden tres días a la semana y están dos horas participando de las labores hortícolas. Vienen de forma libre, aunque hay un compromiso de participación y una exigencia mínima.


Centre Obert Heura

Heura es un centro de baja exigencia, que ofrece servicios básicos de higiene y ropero; ofrece acogida y atención social. Los usuarios que quieren utilizar este servicio tienen un día y hora asignado para poderlo hacer.

A los usuarios de Heura se les ofrece la posibilidad de utilizar el servicio de comedor de Llar de Pau. Si se detecta otra necesidad, se deriva a otras entidades.

Heura forma parte de la zona más ancha del embudo de la reinserción social. Este proceso es muy lento, pero necesario. Y acaba dando su fruto.

Laia de Ahumada es una de las fundadoras del proyecto. No es educadora social, es doctora en filología. Pero sabe mucho de lo que es la vida en la calle.

Heura nació de un cuestionamiento personal. Un día me encontré a una persona durmiendo en el portal de mi casa. ¿Cuál es mi actitud frente a estas personas? ¿Por qué no soy capaz de mirarles a los ojos? ¿Qué me condiciona para no hacerlo?

Me dedicaba a la enseñanza, en una escuela de formación profesional. Dejé el trabajo y me puse a hacer el doctorado. Mis hijos eran pequeños. Mi compañero y yo optamos por vivir de forma más sencilla para que uno de los dos pudiera dedicar más tiempo y esfuerzo a temas sociales. Con un sueldo, la familia podía pasar. En la actualidad me dedico a escribir, a Heura y a otros temas.

Ahora el reto es buscar relevo generacional a nuestro proyecto. Los temas administrativos son la parte más ingrata de mi trabajo. La burocracia implica hacer muchos trámites: papeles y más papeles. Prefiero trabajar con las personas que con los papeles.

En L’Heura he hecho de todo, desde limpiar los aseos hasta pedir subvenciones. No me ha importado nunca hacer cualquier tipo de trabajo.

No queremos crecer más. Queremos seguir dando servicio de barrio.

El hecho de estar bajo el paraguas de la parroquia ha facilitado el desarrollo del proyecto. A los barrios les cuesta aceptar tener centros de este tipo. Son necesarios pero nadie los quiere tener en su calle o vecindario. Lo mismo pasa con otros servidos sanitarios o sociales “feos” pero imprescindibles para la sociedad. Aún recuerdo la acción vecinal sostenida que se dio en la Vall d’Hebron en respuesta a la puesta en marcha de una “narcosala” en el año 2005.

En su día queríamos cambiar de ubicación a un local más amplio y con mejores condiciones. Lo solicitamos al Ajuntament de Barcelona, pero nos dijeron claramente: si os vais a otro local nuevo, tendréis problemas con la aceptación de los vecinos.



Heura y la Biblioteca Jaume Fuster

El Centre Obert Heura es vecino de la Biblioteca Jaume Fuster. Cuando la inauguraron, muchos de los usuarios de nuestro centro nos llegaban con libros de préstamo de la biblioteca. Laia le escribió un correo a la directora de la biblioteca, para comentar el tema y mencionando la normalidad de ese hecho. La directora le contesto enseguida: “ven a verme, tenemos que hablar”.

Nosotros somos bibliotecarios, no educadores sociales. Queremos que nuestra biblioteca sea inclusiva, pero no sabemos como tratar al colectivo de usuarios de vuestro centro.

Otras bibliotecas de Barcelona han tenido que negar servicios a estas personas, ya que no han sabido como integrarlas. Se pidió a la administración un educador social que pudiera dar soporte a la biblioteca en este tema. Mientras tanto Heura dio ese soporte. Básicamente dar consignas de cómo utilizar la biblioteca a los usuarios sin hogar y acompañar al personal de la biblioteca en ese proceso. Y mantener permanentemente abierto un canal de comunicación por si surgía algún problema o se podía hacer alguna derivación.

Aunque no toda la gente que generaba problemas pertenecía a Centre, ni mucho menos. Había y hay un colectivo de ciudadanos especialmente conflictivo por su dependencia alcohólica y las consecuencias que eso comporta, que no pasan por nuestro centro, pero que usan la biblioteca. No nos olvidemos que una biblioteca es un espacio público, y como tal, un microcosmos de la sociedad.

Los equipos de calle del SIS (Servei d’Inserció Social) del Ajuntament, también hacen seguimiento de estos usuarios de la biblioteca. Periódicamente, hay un encuentro de coordinación entre Mossos d’Esquadra, la dirección de las bibliotecas, las educadoras sociales y los equipos del SIS.

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Mujer sin techo en Barcelona / ALBERT GARCIA. El País.


Aporofobia. Rechazo y miedo contra la pobrezaque pude conducir a tener un comportamiento hostil. En la actualidad, con relativa frecuencia se vienen produciendo situaciones de violencia contra las personas que no tienen hogar y viven en la calle.


La cifras y otros centros. Reflexiones

En Barcelona, en el último censo oficial se han contabilizado unas 900 personas durmiendo en la calle. Otras 1000 duermen en albergues o están en pensiones, pero también deambulan por la calle. En Heura se atiende a unos 30 usuarios cada tarde. En Assís y en Arrels se atienden a unas 100 personas diarias. En Espai de Vincles – Rosalia Rendu se encargan de ayudar a personas que viven en la calle, en estado de gran deterioro.

Es la deshumanización de las grandes ciudades. Un transeúnte con una aspecto “respetable” cae en la calle y toda la gente que pasa alrededor suyo se preocupa y le atiende. Esto mismo le sucede a una persona con un aspecto que denote indigencia y la gente pasa de largo. Somos así, humanos. ¿Será por miedo? Hay que mirar a las personas a los ojos, no solo fijarnos en su aspecto. Entonces la respuesta será tan humana como humanitaria.

La linea que separa la gente sin hogar de la gente socialmente integrada, con un trabajo, con un hogar, con un entorno seguro, es mucho más fina de lo que nos podemos imaginar. Una situación imprevista puede llevarnos a otra, y a otra, y antes que nos demos cuenta, a estar fuera del sistema. Un tropiezo en un peldaño de escalera que nos hace descender dando tumbos. Cuando estamos abajo no podemos volver a subir solos. Es lo que ha pasado a muchas de las personas que viven en la calle.

La familia, en muchos casos, es el gran soporte que nos permite mantenernos en una situación estable. En una época de crisis como la actual, los vínculos familiares permiten contener muchos problemas que de otra manera sería imposible. En nuestra cultura la institución familiar tiene mucho peso. Es una gran suerte para todos. Pero ese vínculo familiar a veces se puede perder. La gran mayoría de personas que viven en la calle no tienen ese soporte familiar. Están solas.

Las cuerdas del violín se rompen. Algunas se pueden cambiar, otras no. A veces la única solución en hacer nudos. Ese violín no sonará nunca igual a cuando era nuevo y estaba bien afinado. Pero lo importante es que vuelva a sonar. Que emita notas con cierta musicalidad, aunque desafine. Que sea un violín. Lo mismo pasa con las personas.

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