Industria alimentaria, marketing y salud

La industria alimentaria utiliza estrategias para que el consumidor se decida a comprar sus productos y no los de la competencia. Y si son líderes en su sector incluso se atreven a promocionar los productos en “genérico”. La alimentación saludable no deja de ser un producto de la salud pública. ¿Es ético que los organismos públicos utilicen estrategias del marketing más comercial para vender los hábitos saludables?. No es una frivolidad. Si la industria utiliza las ciencias del comportamiento humano para vender más, la salud pública debe utilizarlas para conseguir su objetivo, que no es otro que mejorar la salud de la población.

La alimentación saludable depende de cómo interpretamos el mundo que nos rodea, en lo que concierne a la experiencia propia y la ajena respecto a salud y dieta. És difícil no comer o limitar el consumo de jamón o queso (a quien le guste) por el hecho de que en una campaña institucional nos insistan en comer con poca sal o limitar el uso de alimentos con ato contenido en sodio para evitar la hipertensión. Y más cuando dicha enfermedad es asintomática. El queso y el jamón son muy tangibles, y la hipertensión no lo es.

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Aunque sea una obviedad decirlo, la industria alimentaria es industria (actividad económica de producción) y es alimentaria (produce alimentos). Está claro que el principal objetivo de cualquier actividad productiva (artesanal o industrial) es ser rentable y obtener beneficios económicos. Para ello debe estar al quite de todos los cambios que se producen en la sociedad. Seré un poco malo, incluso, en ocasiones, induciendo sutilmente a que se produzcan dichos cambios. A veces es difícil discernir qué fue antes, el huevo o la gallina. Eso ocurre en todos los sectores económicos: alimentación, salud, automoción, enseñanza, turísimo, comunicaciones, etc…

Aún contraviniendo las corrientes dietéticas y sociales más en boga, a veces un poco reaccionarias y poco fundamentadas, pienso que la industria alimentaria nos da más que nos quita. Siempre y cuando tengamos un buen criterio para elegir y la oportunidad de poder hacerlo. Si las grandes corporaciones agroalimentarias tiene fuerza y la utilizan para salvaguardar sus intereses, (extendiendo sus brazos más allá de gobiernos e instituciones sanitarias), de nosotros depende tener un pensamiento crítico y ser consumidores responsables.

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A veces, las empresas utilizan argumentaciones ambiguas extraídas de la ciencia. No son mentiras, pero tampoco verdades. En estos menesteres, para quien quiera profundizar hay un blog que recomiendo seguir: Scientia. Posicionarnos desde el dogma o la moral, dependiendo de las emociones, la cultura o la religión nos resta fuerza. Los que tenemos que velar por la salud de la población (profesionales dietistas, médicos, biólogos, tecnólogos, etc..) deberíamos influir en los consumidores siempre desde la ética y no desde la moral, velando por el bien común, desde la razón y con criterio científico.

Vamos a ir concretando. Las técnicas de venta que están aplicando desde la industria alimentaria son las que realmente funcionan, las más eficaces y rentables. Deberíamos conocer cómo nos venden los productos con los que llenamos la cesta de la compra. Es lícito y necesario.

Soy dietista-nutricionista y no por ello dejo de ser un consumidor influenciable. Intento ser muy racional cuando compro, aunque siempre hay aspectos que se me escapan. Cuando voy al supermercado no tengo un criterio exclusivamente nutricional para decidirme. No voy con el contador de calorías enchufado todo el día. 🙂

He leído un documento de AINIA, un centro tecnológico de referencia en España que presta servicios a la industria alimentaria, en el que se muestran una serie de puntos que las empresas de la alimentación tienen muy en cuenta a la hora de fabricar o distribuir sus productos. Merece la pena saber lo que sabe la industria de nosotros. Conocer los mecanismos por los que decidimos los consumidores les ayuda en sus ventas. Ser consciente de las estrategias que hace servir la industria nos hace consumidores más sabios y obliga a la industria a innovar y a hacer cada día mejor las cosas. He extraído el siguiente texto de dicho documento:

Aspectos importantes que considera la industria alimentaria en su estrategia de ventas

  • En la clase social media-alta (no en la media-baja) se compra cada vez más por impulsos emocionales, no por razones económicas o de salud.
  • Las decisiones de compra pueden iniciarse en el comercio o en internet, y finalizar o en la tienda o en internet. Se establecen las siguientes relaciones: tienda-tienda, tienda-internet, internet-tienda o internet-internet.
  • Los alimentos frescos atraen al comercio con más frecuencia que otro tipo de productos. Se han convertido en un elemento de fidelización, aún cuando las ganancias que tiene el empresario no sean tan importantes.
  • En general, el precio es un elemento muy decisivo a la hora de optar por una marca u otra, incluso por un tipo de producto u otro.
  • Según los expertos, el consumidor decide su compra en los 10 últimos segundos en función del packaging, delante del producto o de la pantalla.

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  • Es necesario que el sabor del producto responda a las expectativas del consumidor ante la marca. Una mala experiencia, puede hacer perder el cliente.
  • Las empresas agroalimentarias más importantes apuestan (en general) tanto por la innovación como por la comercialización. A medio o largo plazo, la inversión en I+D+I se recupera y revierte en el crecimiento de la compañía.
  • Muchas empresas, no necesariamente de gran estructura, optan por abrirse a canales  de venta internacionales. Hoy en día, el soporte que da la tecnología permite crear y mantener los negocios on-line: empresas familiares, cooperativas de agricultores, productos artesanales, etc…
  • La técnica de fidelización que más se está viendo más rentable en estos tiempos es la gamificación. También es efectivo vender a partir de experiencias vivenciales interpretadas como únicas. Y a través de introducir los hábitos saludables en nuestras vidas. En este blog hablé en su día sobre la estrategia de ventas de Coca-Cola. Los programas de puntos, ahora apoyados desde las redes sociales, consiguen incentivar la compra y el posicionamiento de la marca frente a la competencia o, al propio consumidor frente o al resto de los consumidores del mismo producto.
  • El consumidor, es cada vez más tenido en cuenta por los fabricantes. Se escuchan sus necesidades y se incorpora a éstos en el propio desarrollo del producto. Un ejemplo es el Laboratorio de Ideas, de Mercadona.

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La información es poder, está claro. Los consumidores debemos saber qué espera el fabricante o el distribuidor alimentario de nosotros. Los productos que utilizamos en nuestra dieta hay que elegirlos más con la cabeza que con el corazón y el estómago. Sin olvidarnos que también hay que satisfacer a nuestras emociones. Nuestra salud, física y emocional, de ello depende.

  1. Pingback: ¿Y si probamos con comida de verdad?… | 24 zanahorias

  2. estoy de acuerdo que una primera y mala experiencia hacen que en definitivo no se vuelva a repetir la compra por parte del consumidor mas qu enada en la primera, ya que si esta es buena puede que haya la oportunidad de tener una mala y que el cliente pueda comprar de nuevo por eso es importante lo que mencionan

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